El diccionario Webster define al sentimiento como una sensación emocional y la palabra emoción viene del término latín que significa mover hacia afuera; así, la experiencia sensorial en el individuo se vuelve hacia afuera o hacia dentro del entorno, y es a través de este movimiento que expresamos sentimientos, nos relacionamos con los demás, y manipulamos nuestro medio.

El arte es lo que da forma al sentimiento y a lo importante de la vida; es la materialización de lo significativo en la experiencia humana. Es la posibilidad de expresión de cada individuo, y es a través de su propio lenguaje y del entendimiento y cultivo de varios lenguajes, que se pretende aspirar a llegar a la comprensión de los valores de la creatividad.

El arte materializa el sentir, se introduce en el mundo de las emociones a partir de lo vivido, lo aprendido y se expande a lo que viene, a las nuevas ideas y conceptos, dando nuevas formas de expresión siempre renovadas. Así, el proceso interno, junto con la vivencia externa, se expresa con las personas con quienes se convive y con aquellos seres de otros ámbitos y de otros tiempos que gracias, a la obra de arte, se contactan sin importar tiempo ni espacio. Tal es el caso entre otros de la “Gioconda”, obra de Leonardo Da Vinci, que trasciende ya sea como una creación artística, un simbolismo de una pintura perfecta y altamente representativa, o como una narración en la que se alternan los acontecimientos de la realidad con la fantasía, como bien escribió Eulalio Ferrer Rodríguez (1990).

“La Mona Lisa es una historia repleta de datos y significados, de incidencia y aventuras. Es un retrato que habla y del que se ha hablado y seguirá hablando”.

Cada época del arte, cada estilo, es un sentir diferente de la realidad, en la que el hombre valora diferentes cosas; por ejemplo, la eternidad en Egipto, el hombre ideal en Grecia, lo divino en la Edad Media, la emoción en el Expresionismo, el movimiento en la obra de Jackson Pollock.

El arte crea nuevas realidades, crea un orden que no es el de la naturaleza ya que aún la pintura más realista, como se aprecia en la obra de Rafael Cauduro, no es la misma que la existente en la realidad. Así el arte crea sentimientos, despierta sensaciones y rompe con lo cotidiano, hace ver las cosas de una manera diferente.

Una pintura no es el retrato de una experiencia, es una experiencia en sí misma.

“El arte no reproduce lo visible, sino que lo hace visible”

Paul Klee

La obra de arte es un punto de encuentro de los espíritus, es un enlace entre artista y el espectador. Es autosuficiente e independiente, un universo propio.

La obra de arte surge en el contacto del sentir y la manera de darle forma al sentimiento. Es inagotable, siempre hay algo nuevo que aporta, de ahí que podamos ver, escuchar o leer la misma obra en distintos momentos y en cada uno la perspectiva será diferente, ya que una obra de arte permite diferentes lecturas y despierta distintas emociones.

El artista muestra una forma no convencional de ver la realidad. En “Cien años de Soledad” Gabriel García Márquez nos transporta, con su realismo mágico, a otro modo de ver, a otra forma de sentir, a otra forma de vivir.

La emoción que provoca escuchar la Tercera sinfonía de Bethoven o el Bolero de Ravel, es muy distinto a escuchar a Bebo Valdéz o a Cigala. Cada uno en su momento nos lleva a experimentar sentimientos y sensaciones que registra el cuerpo y que despiertan nuestra memoria corporal.

El arte es libre; a veces el artista quiere provocar rechazo, horror o incredulidad y el espectador se sacude, se disgusta por que le despiertan emociones nuevas, emociones no esperadas como, dentro del Neodadaismo, con Duchamps que expone orinales; el arte Op o arte cinético que introduce movilidad a la pintura y el espectador adquiere otra perspectiva al moverse y, por último, en este tenor el Conceptualismo, que se deshace del proceso estético, ya que el arte ha sido condenado a la contaminación elitista y la mercantilización y, como protesta, Piero Manzoni enlata sus propias heces y las titula “Mierda del Artista”.

Si el arte es, como dice Bergson, una visión directa de la realidad (Dondis, 1996), entonces hay que considerar a los medios modernos como medios naturales de la expresión artística, pues presentan y reproducen la vida casi como un espejo.

El arte y el significado del arte han cambiado profundamente. Es la era de la tecnología y la estética no ha respondido; sin embargo, indiscutible que, por medio del arte, sea cual sea la manifestación que se presente, que guste o se rechace, el hombre libera emociones, proyecta sentimientos, amplía su nivel de consciencia, se da cuenta de lo que siente, de lo que vive en el aquí y el ahora, y emite una respuesta desde su esencia humana.

Orientaciones

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