Desde la visión humanista y, a partir de su experiencia personal como psicoterapeuta y artista, la autora intenta lograr un tratamiento integral del estudio del ser humano de frente al fenómeno comunicativo artístico, como una posibilidad de captar el arte desde la sensación, la emoción y proyectar sentimientos en el mismo y en el que lo contempla. 

Esto es posible, si se considera la comunicación como un todo existente, en constante movimiento, irreversible e irrepetible, con procesos constituidos interrelacionados, que se repliegan en diversos niveles de complejidad y adquieren significación de acuerdo al medio ambiente y la etapa histórica en donde éstos se den.

La autora pretende realizar una reflexión y un análisis de algunas obras pictóricas como camino privilegiado para llegar a un” Darse Cuenta” de la realidad de uno mismo, de sus emociones y sentimientos, a través del método fenomenológico y, desde ahí, entender su interacción con los demás y su funcionamiento en el aquí y el ahora.

Picasso, el niño genio del siglo XX, quien a través de noventa y dos años vivió un torbellino de sensaciones, emociones y sentimientos, entre caprichos y cambios bruscos, buscaba, exploraba para por fin crear, enriquecer y abandonar. Y seguir en la búsqueda nunca satisfecha.

Su obra, magnífica y extensa, propone un nuevo lenguaje, una nueva mirada; modifica el dibujo, libera las líneas y ordena el espacio. Una concepción nueva que expresa, transmite y comunica.

El arte, como la manifestación pura del Yo interior, lleva al artista a expresar la realidad según su propia manera de percibirla y, al hacerlo, se expresa a sí mismo en un diálogo distinto para quien lo contempla. Esta vivencia maravillosa del encuentro conduce a un estado de plenitud, de amor, que se mueve entre una experiencia personal y un contacto milagroso con el que participa en relación con la obra contemplada, una danza de vida que nunca termina, como nunca se acaba el proceso de “comunicar”, “de sentir” y de compartir. Espiral que unifica, que armoniza, proceso que incluye lo corporal, lo racional, lo afectivo, lo social, lo trascendente.

Las pinturas rupestres, lo majestuoso de las pirámides egipcias, sus pinturas, los templos griegos como el Partenón, la escultura del David, los girasoles de Van-Gogh, entre muchas de las manifestaciones artísticas existentes, son ejemplos de este “perdurar”, y el tema filosófico del “todo cambia, nada es” confirma que el diálogo con cada espectador representa el momento que se vive y la historia personal, tanto del artista que la crea como del receptor.

Así, el artista y el que contempla la obra experimentan distintas realidades, a veces diálogos sin correspondencia, interpretaciones variada. Cada uno en su momento crea y recrea, se construye y se destruye para volver a conformarse. 

La experiencia artística es dinámica, corresponde a una necesidad personal que envuelve al ser humano en su constante recorrido por la vida y, en el momento que toca al otro, involucra, sensibiliza, afecta, intelectualiza así se universaliza y trasciende.

Las formas de expresión artística son inagotables. El intercambio del ser humano con el medio, le permite constantemente abrirse a nuevas ideas, a nuevos conceptos y vivencias; no hay peligro de que se acabe, la renovación es constante como es la comunicación.

La experiencia artística tiene que ver con el acto creativo una interpretación personal del mundo de lo real, de lo material, para llevarlo al mundo de las ideas, emociones y sentimientos, transformándolo para darle una nueva vida, un sentido distinto, mas pleno, más humano, a manera de Sócrates, una mayéutica que involucra un dolor profundo, ya que dar luz a la idea implica un gran esfuerzo, una enorme energía en pensamiento, sentimiento y emoción.

Cuando el ser humano logra centrarse en sí mismo, aprende a discriminar lo auténtico de lo falso, y es capaz de experimentarla emoción que provoca crear o contemplar una obra de arte produciendo un placer espiritual, un movimiento interno que aflora todo tipo de emoción, ya sea de sufrimiento, de dolor, alegría o de placer artístico. Existen relaciones estrechas entre sí mismo que específicamente proviene del inconsciente y que a través de un proceso de simbolización se abre camino a los ajustes creativos, que nos llevan a la expresión artística, dándose en el creador y extendiéndose al receptor.

Orientaciones

  • 1